Con Game Of Thrones Definitivamente Ganas

A menos que hayas acampado dentro de un proverbial frasco o seas una forma extraterrestre de vida que recién se une a nosotros, ya debes haber oído hablar de Game of Thrones, la oferta más reciente y excelente como era de esperarse, de HBO. Con la primera temporada oficialmente concluída, es momento de una reseña general que también podría servir como carta de presentación para habitantes de frasco, aliens y aquellos que simplemente hayan llegado tarde a la fiesta.

La serie es una adaptación de la saga de fantasía medieval “Canción De Hielo Y Fuego”, escrita por George R.R. Martin. A juzgar por el feedback generado en varios foros de internet, la mudanza de los libros a la pantalla fue bien lograda y los lectores fanáticos quedaron satisfechos. Quien les escribe debe confesar que no se encuentra entre quienes estaban previamente familiarizados con la historia y los personajes, pero el programa es una apuesta lo suficientemente fuerte y atractiva como para ser evaluada por sus propios méritos y no en contraposición a la fuente, por más razonables que sean esas comparaciones.

En la primera temporada hay múltiples líneas narrativas que a veces convergen y a veces corren una paralela a la otra, aunque considerando cómo vienen las cosas hasta ahora, parece que todas se mezclarán inevitablemente en la próxima temporada para crear niveles impensados de genialidad.

Gran parte de la acción ocurre en el continente de Westeros, regido por Robert Baratheon desde King’s Landing, la capital. Su ascenso al trono fue propulsado en parte por su esposa y sus parientes, los poderosos y desagradables Lannister. El amigo de confianza de Robert es Eddard “Ned” Stark, quien habita en Winterfell con su esposa Catelyn y sus cinco hijos. Ned tiene además un hijo ilegítimo llamado Jon Snow que se está alistando para unirse a la Guardia Nocturna, una hermandad de soldados célibes *cof cof* que protegen la lejana frontera norte del territorio. Aquí se erige una gigante muralla de hielo para detener a los intrusos, entre los cuales están los Otros, una raza de criaturas sobrenaturales que supuestamente se extinguió hace años (la palabra clave ahí es “supuestamente”). Una línea argumental importante, además, sucede en Essos, otro continente al que se llega cruzando el mar desde Westeros. Essos es donde se han exiliado los Targaryen, quienes fueran regentes de Westeros hasta que se impuso Baratheon. Por cierto, los Targaryen tienen sed de venganza y lazos místicos con dragones, toda una combinación.

La idea básica detrás de Game of Thrones, entonces, es la de una tierra signada por amenazas externas y conflictos internos entre familias. Es un esquema bastante clásico y si lo desmenuzamos hasta que no queden sino los huesos, descubriremos que no es nada que no se haya hecho antes. Sin embargo, la ejecución siempre es más importante que la originalidad, y no hay duda de que Game of Thrones está exquisitamente ejecutada. Es una historia que ha sido contada previamente con otros disfraces, pero está tan bien contada que la sensación de familiaridad es bienvenida. Como espectadores tal vez podamos a veces -hasta cierto punto- adivinar qué sucederá a continuación, pero este modesto grado de predictabilidad no hace que disfrutemos menos de la serie, por el contrario, nos atrae aún más porque nos sentimos parte íntima del universo propuesto. Acá se mueven engranajes narrativos bien aceitados; tardan un poco en arrancar (los primeros tres o cuatro episodios pueden parecer un poco lentos) pero es infinitamente entretenido oírlos trabajar. Hay que darle puntos a una serie que logra enganchar a su audiencia sin recurrir constantemente a giros o situaciones de suspenso. Eso no quiere decir que Game of Thrones no tenga sorpresas guardadas, pero son pocas, están muy bien ubicadas y se las percibe como orgánicas y necesarias a la historia.

La mejor parte, sin embargo, y la principal razón para seguir mirando semana a semana, son los personajes. De nuevo: No hay nada estrictamente original en este aspecto. La mayoría son arquetipos y quien tenga una mínima idea de ficción medieval (o ficción en general) sabrá reconocer al instante los roles planteados. El rey es gordo, perezoso y está demasiado absorto en la memoria de glorias pasadas como para notar las negociaciones y conspiraciones que ocurren debajo de sus narices; Ned (interpretado por el siempre confiable Sean Bean) es el estoico hombre de familia dispuesto a sostener su honor sobre todas las cosas; Daenerys Targaryen, un perfecto ejemplo de la heredera legítima que ha sido despojada de todo pero resugirá de las cenizas. Algunos personajes son cautivantes y otros completamente repelentes, pero de una manera u otra son interesantes y no aburren nunca pese a sus rasgos más que reconocibles. Aunque los avances y posters de la primera temporada dieron a pensar que el enfoque principal estaba puesto en Ned, lo cierto es que es difícil señalar un protagonista único: todo el elenco es fantástico. Naturalmente cada fan tendrá sus favoritos, pero unas breves  notas deben hacerse sobre Tyrion Lannister (a cargo del increíble Peter Dinklage), el enano ocurrente que se la pasa metiéndose en líos y saliendo de ellos gracias a su lengua filosa; Arya Stark, la hija varonera y adorable de Ned; y Jon Snow, en parte marginado, en parte héroe en potencia, que seguramente jugará algunas cartas geniales durante la segunda temporada.

No hay necesidad de entrar en temas como la cinematografía, la música, el vestuario o la producción en sí porque, aceptémoslo, esto es HBO así que todo es de primera línea. Lo importante es que Game of Thrones tiene corazón de sobra en los aspectos de más peso: historia y caracterizaciones, y el cierre de la temporada inicial fue tan prometedor que el otoño boreal de 2012, fecha para la cual está planeada la segunda, tendría que apurarse en llegar.

 

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